FESTIVAL DE CINE AFRICANO DE TARIFA

Un coloquio sobre la mirada del cine español hacia el continente vecino en el Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT) analiza si se está haciendo un trabajo de calidad que ponga a los protagonistas en el centro de las historias

Fotograma de la película 'Cartas mojadas' de la directora Paula Palacios, presentada en la 18ª edición del Festival de Cine Africano de Tarifa.
Fotograma de la película ‘Cartas mojadas’ de la directora Paula Palacios, presentada en la 18ª edición del Festival de Cine Africano de Tarifa.PAULA PALACIOS

LOLA HIERRO Tarifa 
Casa de África, Madrid, España
El País, Madrid, España

África cada vez se deja ver más en el cine español, y en la última edición de los premios Goya, el continente tuvo más protagonismo que nunca con películas como Adú Black Beach, que cosecharon nominaciones y premios. La impronta africana en las producciones españolas no ha pasado inadvertida, pero ¿ha sido casualidad o el inicio de un movimiento? Bajo esta premisa se inauguró la mesa redonda El cine español suma diversidad: Una mirada (por fin) a África este jueves en el marco de la 18ª edición del Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT), que se está celebrando estos días en formato híbrido.

El coloquio fue moderado por Gregorio Belinchón, periodista de EL PAÍS, y participaron cuatro personas involucradas en el séptimo arte. Como actriz, la española afrodescendiente Astrid Jones. Como directores, Paula Palacios y Javier Fernández, autores de Cartas Mojadas y Anunciaron tormenta, respectivamente. Como programador, Joan Salas, coordinador de la plataforma virtual de cine independiente Filmin. Acompañando, una veintena de asistentes entre miembros de la organización, periodistas y aficionados a la gran pantalla.

“Estamos dando pasos, pero aún falta mucho por hacer”, comenzó Palacios para romper el hielo. A su juicio, es necesario que se entienda que África interesa con todo lo que implica y no solo por asuntos de actualidad, pues uno de los interrogantes que se plantearon es si el sensacionalismo de las desgracias y el dolor de los africanos es lo que realmente vende. La directora relató que durante sus 15 años de carrera centrada en el continente siempre que ha ido a pedir financiación le han respondido que no había dinero para ese tipo de trabajos. “Creo que la industria tiene que volcarse de otra manera y me alegro de que Vasile [Paolo, consejero delegado de Mediaset] financiase Adú, es muy positivo”, enfatizó en referencia a la película más premiada de los Goya, sobre un niño que emigra desde su país natal hacia España y que se produjo con el apoyo de la cadena de televisión Telecinco.

“No tengo muy claro si es movimiento o moda, pero la pregunta podría ser no tanto por qué ahora hay más pelis sobre África, sino por qué ha habido ese olvido antes”, apuntó el realizador Javier Fernández, el único invitado que asistió a través de videollamada.

“Una cosa es interés de la industria y otra, el de los realizadores; por parte de ellos siempre lo ha habido”, sostuvo Joan Salas. “Lo que hay que pensar es por qué la industria, de repente, apuesta por productos más comerciales y destina recursos que antes no destinaba. Quizá la clave es la globalización; se hacen producciones pensando en un público más internacional”, reflexionó. Para Salas, es necesario abrir un canal que permita poner en valor el cine que viene de África y quitarle al espectador la idea preconcebida de que, si se trata de una película africana, ya sabe lo que va a ver.

Un momento del encuentro  'El cine español suma diversidad: Una mirada (por fin) a África' celebrado este jueves en el marco de la 18ª edición del Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT).
Un momento del encuentro ‘El cine español suma diversidad: Una mirada (por fin) a África’ celebrado este jueves en el marco de la 18ª edición del Festival de Cine Africano de Tarifa (FCAT).LA RED VAN

Y sobre ideas preconcebidas, prejuicios y herencias del pasado se pronunció Astrid Jones. Pero, por encima de todo, sobre responsabilidad, la palabra más repetida del encuentro. Aunque la idea inicial era discutir sobre si el interés sobre el continente vecino es puntual o algo de más enjundia, pronto la cuestión viró más hacia el cómo y menos hacia el cuánto. “Como perteneciente a la diáspora africana, me interesa que haya una responsabilidad sobre las historias que se cuentan y el propósito que hay detrás”, manifestó Jones, quien demandó también que los verdaderos protagonistas ocupen un lugar principal. “Ha habido un silencio sobre determinados espacios de la Historia que ha derivado en la sociedad española actual, donde no se han tenido en cuenta miles de historias y de personajes que han aportado y colaborado en su desarrollo”. La solución, a su juicio, viene de la acción de los que están “al otro lado”. “Tenemos que construir espacios para poder expresarnos y que la otra mirada exista”.

Por ese sentido de la responsabilidad, Fernández se decidió a rodar Anunciaron tormenta, un documental que indaga en la historia oculta de la presencia española en Guinea Ecuatorial. “Cuando inicié el rodaje revisé mi posición: español, europeo y blanco que se acercaba a la cultura bubi. Me interesó identificar cuál era la participación real de España en los hechos, y las historias orales de los bubis eran un contra relato a la versión oficial española”.

Palacios defendió la diversidad de miradas siempre, sin importar el asunto a tratar. “Se ha criticado que el cine sobre África se hace siempre con mirada europea y colonial, pero está bien que esas historias se cuenten desde todas las miradas”, reclamó. “Voy a ser polémica porque me preocupan mucho el silencio y el miedo que se genera entre quienes hacemos películas sobre África”, retó la directora, quien sostiene que no se pueden permitir generar miedo a llevar a cabo sus proyectos por no pertenecer al colectivo del que hablan. “Entonces, ¿las mujeres solo pueden contar historias sobre mujeres y solos los africanos pueden hacer cine sobre África? No estoy de acuerdo. Películas como Adú Cartas Mojadas [ambas de directores españoles] abren la puerta a que por lo menos se hable de este tema ahora y aquí, por ejemplo, y a que otras películas sobre África se puedan hacer en el futuro”. Para ella, la clave está en la profesionalidad de cada uno, no solo a la hora de rodar una película sobre el continente, sino para cualquier otro asunto.

El problema en Occidente es que se ha contado la historia del continente africano desde un posicionamiento de opresión y discriminación

ASTRID JONES, ACTRIZ

“Todo el mundo puede contar historias, pero me interesa que, si tú vas a contar una, te hayas empapado de ella y la vayas a relatar desde un sitio digno para los protagonistas y que no los desvirtúe ni vaya en contra de su interés, ni los coloque en una posición victimista. Porque el problema en Occidente es que se ha contado la historia del continente africano desde un posicionamiento de opresión y discriminación”, respondió Jones.

Vocación y profesionalidad son dos rasgos importantes, pero a veces no suficientes, porque cuando estás acercándote a otro individuo o a otra cultura desconocida hay que ejercer un extra de esa responsabilidad, pues hay muchos elementos nuevos y desconocidos que van a surgir durante el proceso de investigación para hacer una película, según Fernández. “En el caso de África no partimos de cero, sino de décadas de imágenes e historias contadas desde miradas paternalistas, y contra eso es muy difícil luchar por muchas precauciones que uno ponga”, reconoció el realizador.

Como ejemplo, explicó que su película iba a incluir unas imágenes de archivo que eran unos retratos tomados por autoridades coloniales españolas de unos bubis que se habían rendido tras una escaramuza. “Para mí eran documentos, algo anónimo, pero tuve una conversación con un cineasta ecuatoguineano y me señaló que, para él, eran pornografía y no debían usarse. Fue un descubrimiento; en esas fotos podía salir alguien humillado y que fuera abuelo de otra persona que podría llegar a verlo e identificarlo… Con mi mirada euro centrista no me había dado cuenta”, reflexionó.

Salas aseguró que hay trabajos que han caído en esto, sin querer dar nombres, algo que suscitó las risas entre el público que asistió al evento. “A menudo se cae en el tópico del paternalismo; parece que usamos nuestro cine para victimizar y que ellos tuvieran que aprender de nosotros cuando olvidamos lo que nosotros podemos aprender de ellos”, afirmó.

Revisar nuestro pasado

También hubo una mención a cómo aborda España el pasado. Mientras que hay películas francesas y portuguesas que ahondan en su época colonial y ejercen la autocrítica, e incluso llegan a ser cintas comerciales, en España no es el caso. “¿Qué nos pasa a los españoles que no queremos ahondar en ello?”, interrogó Salas. “No tenemos educación sobre las colonias”, reconoció Palacios.

Para Jones, por eso no basta con las buenas intenciones. “Si queremos contar algo que vaya a sembrar el camino hacia la igualdad hace falta una revisión de la Historia. Si siempre contamos desde la misma mirada, si dejamos de lado a los protagonistas y no pueden dar su versión, el público siempre va a recibir el mismo relato y no va a cambiar nada”.

En cualquier caso, cambiar la visión paternalista y negativa de África grabada en las mentes occidentales durante siglos no es tarea de un día y requiere tiempo, esfuerzo y educación. “Llevo 18 años con el FCAT y me ha costado verdaderos esfuerzos que le quitaran la etiqueta de festival de cine de derechos humanos; somos un festival de cine sobre un espacio geográfico del mundo”, apuntaba entre el público su directora, Mane Cisneros, para ilustrar un ejemplo más sobre esos prejuicios con el continente.

La educación pasa, sobre todo, por los más jóvenes, las generaciones venideras, para que crezcan libres de ideas erróneas. “Los jóvenes es a los que más cuesta llegar, tenemos que entender su lenguaje y ser capaces de comunicarnos con ellos en su lenguaje para abrir esa vía. Ellos no están en los cines, están en tiktok”, advirtió Salas.

La actriz Astrid Jones se mostró pesimista porque cree que la juventud actual todavía está bajo los espacios de poder que ocuparon los adultos de hoy. “Queda mucho trabajo por hacer porque hay una responsabilidad que no se ejerce desde las instituciones. Nos toca a nosotros trabajar y generar vínculos para contrarrestar lo que se nos hace desde arriba”.

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