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1770: el año que nació Beethoven. Uno de los mayores genios musicales de todos los tiempos. Para el 250.º aniversario de su nacimiento, el 17 de diciembre, no pretendemos indagar con excesivo celo en la vida del maestro. En un momento como el actual, reír un poco no está de más.

1770: el año que nació Beethoven. Uno de los mayores genios musicales de todos los tiempos. Para el 250.º aniversario de su nacimiento, el 17 de diciembre, no pretendemos indagar con excesivo celo en la vida del maestro. En un momento como el actual, reír un poco no está de más.

¿Cuándo es exactamente su aniversario? Empezaremos diciendo que no estamos demasiado seguros de poder celebrar el cumpleaños de Beethoven el día exacto. Y es que lo único que consta por escrito es que un niño llamado Ludwig van Beethoven (ese era su único nombre de pila, al contrario que su colega Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart) fue bautizado el 17 de diciembre en Bonn. Puesto que antiguamente los recién nacidos recibían el sacramento tan pronto como era posible (la mortalidad infantil era alta en la época y recibir la bendición eclesiástica tenía prioridad absoluta), solo se maneja la posibilidad de que naciera el 16 o el 17 de diciembre.

Empecemos con un poco de contenido divertido. Aunque sin vídeos de gatos.
¿Un misántropo?

La historia no siempre trata bien a los héroes, y en el caso de Beethoven, la información que nos llega dibuja la imagen de un misántropo. Mordaz, gritón, con escaso autocontrol, irritable, impaciente, engreído y difícilmente tolerable para el resto de los humanos. Dicho en una palabra, un cascarrabias. Los retratos (con frecuencia hechos tras su muerte y por tanto ficticios) nos muestran un rostro marcado por profundas arrugas, una mirada salvaje y el pelo desgreñado. La interpretación que Gary Oldman hace en la fiel película biográfica de 1994, Amor inmortal, sigue la misma línea.
Así que puede que, dejando las exageraciones aparte, esta imagen general no fuera del todo falsa. Contamos con algunas fuentes de información auténticas, como sus cuadernos de conversaciones (…sobre la sordera…), algunas cartas (Carta a la amada inmortal o su rayano al suicidio Testamento de Heiligendstadt), además de testimonios de algunos de sus coetáneos. Algunas de esas fuentes ya rehuían la realidad por aquel entonces, como su secretario y autodesignado biógrafo Anton Schindler. Este describía a su héroe como a él le hubiera gustado que fuera. Quien desee conocer lo último que se ha sabido acerca de Beethoven (o quiera tener un libro de gran volumen en su mesita de noche) le recomendamos Beethoven. El revolucionario solitario de Jan Caeyer, siempre y cuando la mochila resista.

¿Impulsivo? sí

Basta echar un vistazo a las notas que tomaba Beethoven para darse cuenta de que la suya no es la caligrafía de un introvertido indeciso. Solo hay fijarse en la Heroica, con la figura de Napoleón. Durante un tiempo, Beethoven fue un gran admirador del carismático ególatra francés. Incluso le dedicó su Sinfonía n.º 3, la Heroica. Sin embargo, Napoleón terminaría autoproclamándose emperador en 1804 y convirtiéndose (opinión personal de Beethoven) en un tirano. Y con eso se acabó tanta admiración. Fue entonces cuando el maestro Beethoven, encolerizado, arrancó la página y tachó la dedicatoria de la portada con tanta fuerza que perforó el papel. La dedicatoria recaería entonces en el príncipe Franz Joseph von Lobkowitz, propietario del Wiener Palais (actualmente el Museo del Teatro) en el que estrenó la obra.

Retratos de Beethoven: puede que le den un aire

GALERÍA

Estaua de Beethoven
1880: furibundo y malhumorado; el monumento a Beethoven más conocido de Viena en Beethovenplatz muestra al compositor tal y como lo ve el mundo. – © Schaub-Walzer / PID
Retrato de Ludwig van Beethoven, Viena, sobre 1804/05, Willibrord Joseph Mähler
1804/05: Willibrord Joseph Mähler pintó a Beethoven con 34 años. Por aquel entonces, el compositor llevaba cinco años padeciendo las secuelas físicas y psicológicas de su progresiva sordera. Desde luego, un tema sin pizca de gracia. – © Wien Museum
KHM, Colección de Históricos Instrumentos Musicales, busto de Beethoven, de Franz Klein, 1812
1812: Beethoven esculpido en piedra por Franz Klein (puede verse en la Colección de Históricos Instrumentos Musicales). Aquí, su expresión también denota frialdad. – © WienTourismus / Paul Bauer
Colección de Históricos Instrumentos Musicales, retrato de Beethoven, de Ferdinand Georg Waldmüller, 1823
1823: convencer a Beethoven para que se prestara a ser retratado por Ferdinand Georg Waldmüller costó lo suyo. Se nota, ¿no? – © WienTourismus / Paul Bauer
Vista de la tumba de Beethoven en el Cementerio Central de Viena
Cuerpo sin imagen: los restos mortales de Beethoven fueron trasladados en 1888 desde el cementerio de Währinger Ortsfriedhof a una tumba honorífica en el Cementerio Central de Viena. Sobre la tumba: arpa, serpiente, mariposa. Por cierto: cuando Beethoven murió el 29 de marzo de 1827, el cortejo fúnebre que lo llevó al cementerio como a una estrella del pop estuvo formado por 20 000 personas. Asistió uno de cada diez vieneses.  – © WienTourismus/Gregor Hofbauer
Huevos y agua

Otros actos impulsivos conocidos del artista eran tirar huevos y cubos de agua. Empecemos por el principio: el ama de llaves en la que actualmente es la Probusgasse (hoy el Museo de Beethoven) tuvo que aguantar mucho de su severo inquilino. Antes de cocinar, olisqueaba los huevos para comprobar si eran frescos, y si estaba de mal humor, estos volaban hacia el sirviente de turno (esperamos que tuvieran buenos reflejos). Es posible que Ludwig también fuera un poco maniático: su café tenía que prepararse con 60 granos, ni uno más, ni uno menos. Porque los contaba.

En cuanto a tirar cubos de agua: puede que Beethoven no fuera el más querido entre los vecinos, que se alegraban de verlo partir tras cada una de sus 60 mudanzas. Quien viviera debajo de él tendría que vérselas con unas buenas goteras. Cuentan que el maestro, acalorado después de trabajar en sus composiciones, se refrescaba echándose cubos de agua por encima. Parece que le funcionaba…

En todo caso era un genio ¡Salud!

Sea como fuere la persona detrás del personaje, Beethoven nos ha legado una música revolucionaria, genial, siempre actual e inspiradora. Un motivo de sobra para que celebremos su aniversario. Brindemos alzando copa, tenedor y tarta: incluso en tiempos de pandemia.

Si pudiera, el amante del vino que fue Beethoven nos acompañaría. Por desgracia, para que el vino aguantase más tiempo, antiguamente se le añadía plomo. Pésima idea. Es posible que las cantidades que él consumía le causaran una progresiva intoxicación por plomo que contribuyera a su muerte. El testimonio de primera mano del amigo de Beethoven, el director de capilla Ignaz Seyfried, confirma la tesis del caos y la embriaguez:

“El desorden en su casa era en verdad algo admirable… Libros y partituras esparcidas por cada rincón, restos de comida ya fría, botellas cerradas o medio vacías…”

¡Chapeau!

Nos quitamos el sombrero ante su obra. Y las grandes estrellas del presente, también. Hemos entrevistado a diez de ellas para que nos hablen de Beethoven:

  1. Billy Joel se inspiró en la Patética para componer su canción The Night.
  2. Rebekka Bakken compara las melodías de Beethoven con canciones de pop.
  3. La estrella de la ópera Valentina Naforniţa admira profundamente la única ópera de Beethoven, Fidelio, que ella ha cantado con la Ópera Nacional de Viena.
  4. Y el tenor Juan Diego Flórez aconseja respirar hondo al escuchar la canción Adelaide de Beethoven si uno no quiere morir.
  5. La pianista Yuja Wang comparte su rebeldía frente a las reglas y las convenciones establecidas. ¡Larga vida a los revolucionarios!
  6. El pianista Joshua Bel admite haber vivido algunas de sus mayores derrotas con el concierto para violín de Beethoven.
  7. Su colega Julian Rachlin siente en Viena una “energía beethoviana” especial.
  8. El polifacético talento musical Aleksey Igudesman describe la música de Beethoven como celestial, pero también sarcástica, loca, amarga y obstinada al mismo tiempo.
  9. El compositor de Hollywood Hans Zimmer siente fascinación por la apertura de la Sinfonía n.º 5, ese “da da da daaa”. (¿Lo reconocéis?)
  10. El productor musical Walter Werzowa oye en la música de Beethoven los tambores furiosos de su alma. Bumm bumm en staccato.

Fuente: Viena ahora para siempre

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