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“La poesía es un árbol, y bajo su sombra no estamos seguros. Desde la oscura profundidad de sus raíces hasta la verde vibración de sus hojas es intemperie. A ella nos abrazamos. Hundimos el rostro y las manos en ese no saber con certeza lo que vendrá luego de la primera palabra, si es que algo vendrá.

Orietta Lozano ha permanecido allí mucho tiempo. Y desde ese tránsito interior de la sustancia que muere y reverdece, escribe. Su palabra siempre ha conservado la distancia justa entre su cuerpo y la posibilidad del rayo. Escribe en la tensión del riesgo, en la espera del incendio o la caída. Escribe, porque para ella no hay otra forma de habitar el mundo, de habitarse en su experiencia del amor y del dolor, del gozo y el abandono, del éxtasis y la inocencia, de la vida y de la muerte, del exilio en otros, de la permanencia en otros… y en este libro dividido en dos partes: “Árbol de Fuego” y “Cantos del Jardín”, decide entonces abrir el camino a estos poemas con un epígrafe tomado del Libro de Job: “Hay un lugar en que casi / todas las piedras son zafiros”.

Orietta asume también aquí de nuevo el deslumbramiento de una palabra sensible y lúcida, una palabra que continúa siendo herida, memoria honda, trasunto constante de la proeza de vivir.

Ese ángel rilkeano es una presencia constante en este libro de Orietta. Hay una urgencia por entender, por trascender. Una urgencia de ser en cuerpo y palabra todo el fuego posible, el que consume y el que engendra. “Letanía del Silencio” como un Árbol de Fuego, en el qué apoyar la mirada y volver por un instante a esa condición de poeta visionario que conoce la virtud y la condena de sus palabras, que no se aparta de la tempestad y continúa caminando hacia el centro ígneo de su experiencia poética.”

Lucía Estrada- poeta colombiana

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

«Escribo para ver el resplandor»

(Cali, Colombia). Ha sido directora de la Biblioteca Municipal de Cali. Su obra incluye poesía, narrativa y ensayos literarios.

Orietta Lozano

Libros publicados: “Letanía del silencio” Editorial Pigmalión, “La herida de los siglos” Editorial Ibañez, “Albacea de la luz” Editorial Cuadernos Negros, “Resplandor del abismo” Universidad Externado de Colombia, “Peldaños de Agua” Editorial Caza de Libros, “El Solar de la Esfera” Universidad del Valle, “Luminar”: novela, Universidad del Valle, “Antología Amorosa” Editorial Tiempo Presente, “Alejandra Pizarnik”: ensayo Editorial Tiempo Presente, El Vampiro Esperado”, “Memoria de los Espejos”, Editorial Puesto de Combate, “Fuego Secreto”, Editorial Puesto de Combate.

Ha sido incluida en diversas antologías, entre ellas: “Poesía colombiana Antología” México, “Una Gravedad alegre” Poesía Latinoamericana España, “Mundo Mágico” Poesía colombiana Brasil, “Silencio en el jardín de la Poesía”, “Azul casi púrpura” Antología de poetas mujeres Colombia, “La infancia recobrada” Antología de poetas colombianas.

Parte de su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano.

Invitada a Francia a la XIII Biennale Internationale des Poètes por la Fondation Royaumont al Seminario de Traducción de Poetas extranjeros para la traducción de su libro “Agua Ebria”.

Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, con su libro de poesía “El vampiro esperado”

Poemas

EL SOLAR DE LA NOCHE

La noche herida como una flor de hielo que se rompe,
noche que alcanza los brazos de Dios
y hasta parece que las piedras sangran.
La noche huérfana que juega como una niña con sus lamparitas
a alumbrar las tinieblas de las calles,
solitaria juega implorando una dulce compañía.
La noche titubeante que regresa al jardín de los cerezos,
se vuelve aguja para entrar al hilo de los sueños
y tiene olor a sangre de manzana.
La noche penitente que se encierra en el ático y se hace antigua
tanteando el ángel olvidado.
La noche desollada que cae al vacío como una piedra desamparada
y cuando se hace humana marca las puertas con los nombres olvidados,
retira su máscara y su rostro viejo tiembla.
La noche temblorosa con sus deditos congelados
tirita sobre un frío abrigo en la espalda del dolor.

COFRADÍA

La vía del dolor recorre el tiempo, lo camina,
lo siembra de pozos secos donde nacen azucenas,
estoy agotado, las larvas crecen en mi huerta.
En la inmensa montaña de tristeza
mi alma vuelve atrás,
vuelve a sus sentidos.
Arrasaste mi jardín hermano
y sin embargo te cuido como la pupila de mi ojo,
dejé mi infancia al borde de tu casa.
Caminemos bajo las lluvias púrpuras
hacia un lugar que aún no esté arrugado
contemplando por primera vez el inefable mundo,
escuchemos cantar pájaros blancos.
En los parajes desolados,
dejé mis alas al borde de tu infancia.

PLEGARIA DE LA LLUVIA

“Todos esos momentos se perderán en el tiempo,
como lágrimas en la lluvia”
Rutger Hauer

Atravesé la distancia del afligido puente
palpé mi rostro sobre la luz de los jazmines
recordé el plegarse de mis antiguas alas
y comprendí la luz serena de la melancolía.
A un paso del vacío
la sombra se separa de mi cuerpo
las manos del silencio me reciben,
mi nombre se perderá
en las lágrimas de la lluvia.
Sobre el ocaso del crepúsculo
danzo efímera
dos veces el fulgor de mi dolor.
Con la piedad que cura al enemigo
y la inseparable quietud del silencio
hubo la rendición ante el desgarro,
susurré a mi ángel de la guarda
y esperé en vano el resplandor de su plegaria,
entonces arrastré la melancolía como
un gusano arrastra la luz de sus anillos.
Ante la inmensidad del bosque
una hoja en su magnífico reposo
nos designa la finitud del día.
La dulce espera me despojó del rostro.

ALMENAS DESOLADAS

He aquí la noche del parto innominado,
retornan las yemas de tus dedos ásperas y dulces
y encuentran el agua empozada para hundir al ángel cuidador,
una deuda eterna se cifra en el agua.
Subo a los balcones lilas de Dios,
caigo de rodillas ante las almenas desoladas,
el árbol tatuado de cristales
hiere el ojo del ciervo que lo mira
y en el camino las puertas de un altar se abren,
rugen pájaros que ofrecen el consuelo.
¿Qué trabajo inconcluso dejaré en esta tierra?

REDENCION DE LA NOCHE

En la nostalgia azul un animal cae y otro se levanta,
uno teje con el hilo del azar, otro desteje con el hilo del dolor,
al final del nudo,
en el alma de la piedra callan las palabras.
La noche tiene olor a Dios,
cae como un halcón enmudecido
su espalda trae escamas de los peces que agonizan.
Está perpleja, su sombra está anciana,
endulza con sus oraciones a los pájaros de agua
que vienen en la noche
a recoger el arroz de la alegría.
sus manos las ataron ángeles suicidas.
Que la tierra te sea leve.

SEÑALES

Con un lánguido gesto
Dios escribe su último designio,
revela el fuego de su canto
en el aullido lacerante de la fría niebla,
en la mirada muda del insondable mundo,
en el bramido del cristal cuando se rompe,
en los profusos espejos
donde atisba la trampa de la culpa.
En silencio, un animal
se arrojará contra el arrecife que lo espera
volverá al regazo que es matriz y es tumba
borrará la historia que cae rota y en ceniza,
detendrá la hora en el reloj del ángel.

ACERTIJO

Pájaro errante y pájaro en desvelo
vuelan a un lugar secreto,
a la íntima sombra del ciruelo,
se incendian fuego y éter
se ondulan temblorosos
como burbujas en el agua.
El universo calla
detiene las ruedas de la luz
más cerca de la tierra,
el cielo se desnuda
cuando dos pájaros se aman.
Pájaro ermitaño y pájaro en silencio
vuelan a un lugar sereno,
a la línea extraviada del olvido,
se rozan viento y agua
se desvanecen temblorosos
como burbujas en el aire.
El universo llora, habla con enigmas,
echa a rodar estrellas
más cerca de la noche,
el cielo se extravía
cuando dos pájaros se mueren.

ENIGMA

¿Sabrán de su muerte los animales
y se pondrán nombres los pájaros?
Ellos saben que la noche atrapada en la ventana
espera el canto de la alondra
y la hora más azul descubre un huevo
en el milagro de la hierba.
¿Sueñan y recuerdan las montañas?
En la intimidad del universo
las estrellas bajan hasta ellas
las cubren y se aman.
El mundo descifra sus designios.

MENSAJE

Hay palabras que tiritan de frio,
miseria, muerte, mentira
mensaje, miedo, moneda.
moléculas de hastío, átomos de olvido,
palabra oscilante, palabra escarcha
vuelta a redimir, vuelta a renacer.
Palabras que tocamos con el silencio de las manos.
Hay palabras atrapadas en cajas de cristal
con un secreto,
hay palabras con un vaso sangrante,
y un reloj que toma el tiempo de su muerte, su silencio.
Hay palabras que solo vemos con el ojo del misterio.

OFRECIMIENTO

Noches que no cierran sus ojos
que caiga la luz sobre el silencio,
palpitante quietud de la piedra
que caiga a cántaros tu luz,
desasosiego del hombre quebrantado
que tu luz caiga en la lluvia.
La promesa de la flor y el agua
lava los pies de la tierra,
resplandece en la corona de la piedra
limpia la herida que nos sangra,
la espina de la palabra se entierra
en las entrañas del tiempo
como un súbito tumulto
de flechas y de dagas.
Sin piedad
sin misericordia
que caiga la luz en las cloacas
que caiga la luz sobre el crepúsculo
que caiga la luz en mi costado.

AZUL ES EL CARACOL

Huérfana y dulce melodía
de la lluvia sigilosa
que va dejando el caracol,
sonido melancólico del aguamanil
cuando recibe el agua.
Es el camino el que nos nombra,
el pergamino que contiene el mapa.
Bajo las luces húmedas
el tinte azul en silencio
está viniendo con la noche,
inmóvil, denso,
un anhelo se estremece,
el vientre reconoce
la espiral acuosa,
el cuerpo se ilumina.
Soy un caracol piensa ella.

FLOR DE AGUA

Y tú mi desolado mundo tejes con la sangre
un bosque herido de flores,
un sepulcro labrado de guijarros.
Más allá del tiempo de jazmines,
la pesca es abundante en barcas blancas.
Entre los peces de bruma,
triste y ciega, la barca atraviesa la última orilla
y un dios petrificado lleva en su memoria
la sombra palpitante y pálida de la tierra prometida.

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