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por Elsa Aurora Nieto desde Buenos Aires
Para Primera Plana

‘Quiera yo pueda transmitir tu alegría, porque mientras hablabas de lo que va a ser esta próxima presentación y de quienes te acompañan, se te dibujaba espontáneamente una hermosa y gran sonrisa’ le dije al finalizar la entrevista.

Federico Fernández, director general del Buenos Aires Ballet BAB, primer bailarín del Teatro Colón tiene en su lenguaje y postura el sello de la elegancia. Sus maduros treinta y cuatro años hablan ya de una gran experiencia y trayectoria (el más joven en ingresar al Teatro Colón); y en paralelo, el resto de su vida que lo compromete con el prójimo y lo hace en todo cercano.

FF: “Mi madre era pianista, tenía oído absoluto, todo lo que le pidieran en el momento lo podía tocar. Mi padre fue con quien hice todos los deportes de chico. Ellos se separaron cuando tenía 1 año de edad, y fue casi ineludible que al vivir con mi madre influyera lo artístico teniendo un abuelo violinista, una tía del Conservatorio y un hermano artista plástico”

“Allí respiré el arte y el compromiso político. Mi madre se casó a los dieciséis años; tuvieron un hijo y a los diecinueve quedó viuda de desaparecido. Ella transitó su final de adolescencia y la primera adultez viviendo esa situación, siendo una persona muy comprometida con lo propio y con el otro.”

“Me crié con esas ‘anécdotas’ y vivencias que no solamente marcan, a una familia la cambian completamente. Nací en democracia y recuerdo todos los juicios de entonces.

EAN: Esas emociones… ¿Cómo se plasmaron en tu ser?

FF: “Yo soy mi mamá, saqué todo de ella, la admiré. Entendía que el arte y la política van de la mano. Se hablaba, se comía, se encendía el televisor, se escuchaba política. O era el piano, la música clásica y el rock nacional. Entonces, había una cuestión de hacer patria en lo cotidiano, con la identidad de un barrio y en un lugar”

Ese compromiso aprendido hacia y con el otro hace que Federico Fernández dedique tiempo colaborando en ollas populares para gente que está en situación de calle. Y en su profesión, imaginar, proyectar y generar espacios más accesibles para colegas y público.

Federico Fernández

EAN: El ballet y la música clásica siempre se la encasilla dentro de un sector elitista. Incluso, poder acceder a obras en teatros líricos no es factible para todos. ¿Hay una situación diferente en otros países?

FF: “La cuota clasista es, de este tipo de teatro, en todo el mundo. Sin embargo, hay quienes hacen una diferencia. El año pasado falleció la gran bailarina cubana Alicia Alonso, ella sacó a la calle el ballet y la calle fue el escenario. Hizo todos los clásicos, reversionados muchas veces, pero siempre Alonso pudo meter dentro de la estructura del ballet algo que pasaba afuera, que es adentro también, porque son las mismas personas con una identidad propia.”

“Así lo entiendo: la identidad de un teatro lírico hay que mantenerla, son maravillosos los clásicos, son obras de arte fantásticas, pero hay una responsabilidad en tratar de visibilizar también historias que podamos vivir más allá de los reyes, el cisne y el príncipe

azul.”

EAN: ¿Se te hace posible cambiar algo?

FF: “Amo profundamente el Teatro Colón, un teatro que pertenece a la ciudad de Buenos Aires pero tiene rango federal y a su vez es uno de los más importantes del mundo, aunque faltan estos aires de apertura.”

“Yo lo intento desde mi pequeño lugar, es difícil. El BAB funciona porque yo tengo un sueldo del Teatro Colón, porque la mayoría de los bailarines que lo integran tienen su sueldo también de allí y pueden hacer estas funciones; si viviéramos todos del BAB sería imposible sostenerlo.

Entonces, lo que nosotros hacemos es generar estas presentaciones para invitar a bailarinas y bailarines independientes que no tienen tanta visibilidad o espacios donde presentarse. Armamos funciones porque queremos bailar. Ese es mi principal logro con este grupo. El BAB es una compañía que ha realizado giras al exterior, yendo también a lugares donde no va tanto el ballet. Al no existir ya las compañías privadas de Julio Bocca, Iñaki Urlezaga y la de Maximiliano Guerra, queda la nuestra como la única compañía. Nosotros podemos seguir lo que ellos construyeron y acercar a otros públicos.”

EAN: ¿Tus maestros?

FF: Mis maestros formadores son Katty Gallo y Raúl Candal. A mí me pasó que a los catorce años ya empecé a trabajar profesionalmente, entonces muy pronto me fui despegando de ellos pero siempre manteniendo la capacitación. Aunque la real formación profesional se me dio cuando ingresé al Ballet del Colón, allí aprendí muchísimo de los maestros y coreógrafos. Ingresé entre los 17 y 18 años y empecé a bailar como solista y primer bailarín al mes.

Hice cuerpo de baile, entonces mi construcción se hizo arriba del escenario, con los primeros miedos, la inexperiencia total. Había bailado mucho pero no es lo mismo bailar en compañías privadas donde se resuelven miles de cosas cambiantes (si bien te foguea) que en el Colón donde cada uno tiene su lugar y ver colegas y coreógrafos que vienen de otros países. Esa es la posibilidad que este lugar te da.”

EAN: ¿Tuviste un momento de quedar deslumbrado por algún bailarín/a fuera de Argentina? ¿O lo vorágine de tu carrera no lo permitió?

FF: “Fue cambiando todo. Al principio el ego no lo permite, un poco te obnubila y me puse en un lugar de mirar desde arriba hacia abajo, te fagocita un poco ese vínculo con el público y el aplauso. Es una estructura que se va haciendo desde chico con una enseñanza muy individual y que debería tener otro tiempo de formación donde se pueda incluir más lo colectivo, que igualmente termina pasando en alguna función, porque si le va muy mal al primer bailarín no va a importar si el cuerpo de baile está perfecto y viceversa.”

“Me gusta muchísimo los bailarines de la Opera de París, todos en general, tienen una limpieza y calidad técnica muy diferente al resto del mundo; y también me gusta mucho los rusos que también tienen calidad y técnica pero la expresión escénica es mucho más grande, algunas veces parece hasta exagerada. Como espectador se visualiza, cuentan con las manos y los ojos lo que están sintiendo.”

EAN: Como en todas las artes, si el artista no transmite…

FF: “Uno puede tener trabajo escénico, conciencia de lo que está contando hasta sentirlo, pero poder expresarlo es otra cosa que merece también un trabajo. Por eso en Argentina los bailarines que más llaman la atención son los intuitivos, los que han pasado la barrera  por intuición y se han conectado con el público. Muchas veces he salido a bailar sin tener todas las cosas resueltas, ¿sabes cuántos dijeron no puedo y nunca pudieron? Es tremendo. Seguramente algo positivo en el animarse a pesar del temor se va a sacar. Con el correr del tiempo se nota en los logros. Yo ya sé que puedo resolver algo escénicamente de forma fluida y con más contenido que al inicio.”

EAN: Háblanos del Buenos Aires Ballet

FF: “El BAB surgió por la necesidad de subir al escenario. Hacíamos alrededor de veinte funciones al año, de las cuales los primeros bailarines podían bailar cinco o seis. Esta necesidad de bailar llevó a su creación volviendo a realizar funciones. Me di cuenta que eso generó un círculo virtuoso porque esos bailarines que empezaron a bailar en el BAB, inmediatamente empezaron a hacerlo más en el Teatro Colón; resultando ser un espacio para muchos bailarines y bailarinas que tenían capacidad pero no lugar dónde volcarla, eso de alguna forma me enorgullece. Y así, vienen de compañías independientes o tradicionales como la Compañía Nacional de Arte Contemporáneo o del Teatro Argentino de La Plata, por citar algunos.”

EAN: Ustedes tiene una carrera muy corta y que particularmente se vio afectada este año, pero con la alegría del regreso via streaming este sábado 14 de noviembre. ¿Quiénes formarán parte de este evento?

FF: “El BAB fue la única compañía de danza en Argentina que hizo una en febrero, abrimos la temporada en el ND Teatro, bailamos en Morón, y llegó la pandemia con las consecuentes medidas de aislamiento. En este tiempo hicimos dos funciones virtuales y ahora vamos por la primera función de ballet en Argentina desde una sala (Teatro Regina) por streaming.

Justamente, el estar en nuestras casas y trabajando desde el living me permitió reflexionar y generar una función invitando coreógrafos nuevos y consagrados, que creen algo para este momento, con las condiciones de este momento. Y lo logramos.

Jiva Velázquez, solista del Teatro Colón, muy joven e hipertalentoso, puso tres coreografías excelentes. Tenemos un concertino y un pianista en vivo, otra coreografía de Emanuel Abruzzo, Anabella Tuliano del Grupo Cadabra también va a estar presente en una coreografía con dos bailarinas. Hay un clásico solo ‘Guillermo Tell’ con coreografía adaptada para no tocarse.

EAN: Y muchos más…

FF: Así es. Lo que se va a ver no solamente es algo diferente, sino que se va a sentir algo positivo desde la perspectiva en cómo los bailarines nos reinventamos bajo cualquier circunstancia. No solamente bailamos y danzamos la música, experimentamos lo que se puede crear en un contexto horrible de desesperanza e incertidumbre. Por eso lo tomamos con enorme responsabilidad y con el respeto de haber sido convocados (productor Jorge Mazzini) para que lo vea el mundo.

Me quedo con su enorme sonrisa de lo que él ya ve y nosotros contemplaremos este próximo sábado 14 de noviembre a las 20hs de Buenos Aires (ver horarios resto del mundo en el flyer).

Y les dejo lo último que me dijo, que hizo en mí una sonrisa aún más grande: “Ahora hay que dar oportunidades. Eso me llena, eso me hace bien, y estoy hecho con eso.”

Fotografías en escena: Carlos Villamayor

One thought on “Federico Fernández danzando con el cuerpo y el alma”

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