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Un maravilloso enigma.
Hyeronimus Bosch – Países Bajos, 1500

Pionero del Buscando a Wally en tabla al óleo, Jheronimus van Aken, o como lo llaman sus amigos, El Bosco, nos presenta una de sus más maravillosas creaciones. Una pieza, que supone haber sido realizada como regalo de bodas para la corona y por lo tanto con intenciones relativamente privadas, que terminará por convertirse en uno de los más queridos tesoros de Felipe II.

Para su análisis recomendamos lupa en mano ya que podremos dividir esta tabla, literalmente, en varias partes.

La Creación del mundo, óleo sobre tabla, 220 x 195 cm.

Tabla cerrada: El inicio de los tiempos

Tal vez el mayor descubrimiento alrededor de esta pieza es la representación que encontramos mientras está cerrada, es decir, en la parte externa de las tablas laterales. Allí se desarrolla la separación de las luces de las tinieblas y del agua de la tierra. Hágase aquí, especial reparo en la idea de un planeta tierra como algo que sigue concibiéndose plano, pero que a la vez, se encierra en una gran burbuja. La tierra como esfera comienza a percibirse. En la esquina superior de la tabla izquierda, aparece un Diosito muy pequeño orquestando estos primeros y agotadores tres días de creación. Lo acompaña la leyenda: Ipse dixit et facta sunt /Ipse mandavit et creata sunt (Porque él dijo, y fue hecho / Él mandó, y existió).

Al abrir el tríptico, nos sumergimos en un fantástico mundo del revés lleno de color y personajes desnudos. Veamos qué es lo que está pasando aquí.

El jardín del Edén, óleo sobre tabla, 220 x 97 cm.

Tabla izquierda: Presentación de Eva

Comenzamos la lectura de izquierda a derecha y el avance de la creación nos muestra el momento en el que Eva llega al mundo. Adán observa (sólo le faltan los pochoclos) mientras Dios hace su trabajo. Desde un pozo, una serie de animales fantásticos, híbridos y mutantes acompañan la escena. Hacia el centro podremos encontrar un búho y un pavo real, aves que correspondían entonces, a simbologías bien opuestas: castigo vs.salvación.

A la derecha, en lo que podríamos definir como la «evolución de las especies», los anfibios van llegando a tierra. Una roca que más que roca, simula un rostro de perfil (imaginen cuando Dalíreconoció su medio retrato en una obra de El Bosco!) funciona como monte Gólgota, lugar de enterramiento de Adán y crucifixión de Cristo.Encima ¿el árbol del fruto prohibido?

Pasitos hacia atrás una jirafa, un oso y un elefante. Hacia la izquierda, beben de los ríos unicornios. Todo muy normal en Boscolandia (?). Es posible que los llamados bestiarios medievales estén operando en gran parte de esta obra como fuente gráfica para estos animales de fábulas. Pero por otro lado, reconocer que la idea de un Paraíso hacia el siglo XV y geográficamente hablando, se ubicaba entre lo que hoy entendemos por Palestina e India.

El jardín de las delicias, óleo sobre tabla, 220 x 195 cm.

Tabla central: La humanidad antes del diluvio

¿Cómo se vería una multitudinaria fiesta al aire libre en donde las únicas condiciones para el ingreso serían deshacerse de la ropa, de la ética y de la moral? Bueno, exactamente esto que vemos aquí. La gran pieza central del tríptico nos muestra cómo era la vida antes del Diluvio Universal. En esta tabla, como en la anterior, arquitecturas sin tiempo como fuentes de agua nos enseñan que el cauce de los ríos comienza a crecer por toda la escena.

Sin embargo la fiesta continúa: en el centro una gran pileta llena de mujeres deseadas se custodia por un desfile de caballeros que montan cualquier tipo de cuadrúpedo: lechones, camellos, unicornios y ratas gigantes entre una gran variedad. Y, aquí, tal vez, una buena clave para toda la obra: la creación de la mujer provoca en el hombre un desvío en su camino de fe. La belleza femenina despierta en el hombre instintos salvajes, llevándolo así hacia una vida de desenfreno y descontrol, plagada de conductas poco decorosas.

A medida que bajamos la mirada en esta sorprendente e infinita escena, nos topamos con pájaros (símbolo masculino) y frutos (símbolo femeninos) por doquier. Ambos hacen clara referencia al aspecto carnal del amor. A fin de cuentas, no queda demasiado claro si es que hay algo verdaderamente prohibido en esta gran fiesta.

El Infierno, óleo sobre tabla, 220 x 97 cm.

Tabla derecha: El infierno musical

Todo muy lindo pero esto no iba a ser gratis. La tabla derecha nos muestra el infierno hacia el que nos dirigimos si nuestra conducta no ha sido la esperada. Aquí se hace especial hincapié en la idea de «mala taberna» desarrollando todo lo que allí podía llegar a suceder: la música profana (el baile en parejas), los juegos de azar, el alcohol y la prostitución eran todas conductas fuertemente condenadas en aquellos tiempos y que en estos antros tenían lugar. Tableros, dados y naipes se desparraman por la parte baja.

A medida que subimos en la representación, el gran rey de este mundo del revés, con su corona/olla, devora hombres para luego desecharlos. Más arriba castigos y condenas varias a la que son sometidos los pecadores, propiciadas éstas por pequeños demonios zoomorfos que utilizan instrumentos como métodos de tortura. No dejen de detenerse en la «partitura sobre las nalgas» (encontrarán un interesante artículo en esta misma web).

El «hombre-árbol» (¿un autorretrato?) nos mira a la vez que muestra su interior: un ambiente de taberna con algunos personajes sentados a la mesa. Sobre su cabeza, giran en coreografía parejas de bailarines. Finalmente, un gran incendio (imagen que seguramente el artista retome de aquel gran incendio que sufre su ciudad natal y que se presenta en varias de sus obras), un «fin de los tiempos» en donde hombres y mujeres luchan desesperadamente por escapar de su condición.

Descripta hacia 1605 como la tabla de la gloria vana, El Bosco nos sumerge en un paraíso surreal, en donde a pesar de que la historia ya tenga un final, a todos nos gustaría transitar.

(CC) Noel Rondina, 03-09-2020

Fuente: HA!

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