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Por: Sandro Romero Rey

Se me vienen a la cabeza muy gratos recuerdos, ahora que está próximo el estreno de la versión cinematográfica de EL OLVIDO QUE SEREMOS, basada en la novela de Héctor Abad Faciolince.

Yo no sé por qué pero, comenzando la década del 80, descubrimos en Cali a dos directores españoles que entraron pronto en nuestra lista de favoritos: Trueba, y Pedro Almodóvar. Por supuesto que uno admiraba sin reservas a nombres esenciales como Luis Buñuel, Juan Antonio Bardem o Luis García Berlanga, a José Luis Borau, a Manuel Gutiérrez Aragón y a uno que llegó como un rayo delicado: Víctor Erice.
Pero es de Trueba del que quiero hablar: cuando llegó a la Cinemateca de la Tertulia una copia discreta de OPERA PRIMA, parecía que el mundo se hubiese partido en dos. Era la película que todo cinéfilo joven hubiese querido realizar. Además, estaba condimentada por los nuevos vientos de libertad intelectual, espiritual, sexual, artística que, se decía, se respiraban en España.

Las películas posteriores de Trueba no llegaron a Colombia, hasta la deliciosa EL AÑO DE LAS LUCES (1986), que se estrenó, si mal no recuerdo, en algún festival de cine de Bogotá. Otro golpe de dicha. No recuerdo haber visto en salas sus dos películas siguientes (EL SUEÑO DEL MONO LOCO, LA MUJER DE TU VIDA…) sino que Trueba subió al pedestal de los inmortales gracias al Oscar a su película BELLE ÉPOQUE.


Para sus seguidores cinéfilos esto no hubiese significado gran cosa, de no ser por su discurso de agradecimiento en el que dijo, palabras más, palabras menos, que él no creía en Dios, pero que sí creía en Billy Wilder. Y terminó diciendo: «Muchas gracias, Billy Wilder». Cuenta la leyenda que, al día siguiente, Trueba recibió una llamada telefónica de Billy Wilder, donde el viejo maestro lo saludó de la siguiente manera: «Hola, soy Dios». Trueba ya podía morirse tranquilo.

Pero no. No se murió. Trueba iba y volvía a nuestra cinemateca privada. No me entusiasmó mucho su comedia «à la Lubitsch» titulada TWO MUCH, donde intentó entrar al cine en inglés.
Regresó con una comedia muy española, especial para los amantes del teatro y de las comedias de enredos, titulada LA NIÑA DE TUS OJOS (ésta mucho más Lubitsch que la anterior, a mi modo de ver). Y, para los que nos gustan los documentales sobre música, el golpe de dicha fue su elegante homenaje al latin jazz titulado CALLE 54. Cabe agregar que Trueba sigue siendo un entusiasta productor de discos relacionados con el género.

Después vendría su documental «brasilero» (EL MILAGRO DEL CONDEAL) su nuevo contacto con América y con nuestras músicas. Pero antes estuvo la polémica (hoy, creo, olvidada y que no viene al caso) alrededor de EL EMBRUJO DE SHANGHAI, opacada por esas batallas externas que impiden mirar con calma las películas, porque se vuelve más importante la gritería mediática que los resultados.

En el 2009, Trueba rodaría en Chile EL BAILE DE LA VICTORIA, basada en la novela de Antonio Skármeta, que es quizás su film que menos me entusiasma, aunque eso sólo va en gustos. Habrá quién la aplauda y estará muy bien.

En el año 2011, tuve la fortuna de ser invitado por Monika Wagenberg para moderar una conversación con el mismísimo Fernando Trueba en la tercera resurrección del FICCI (Festival Internacional de Cine de Cartagena) donde pudimos conversar con calma y reírnos del presente y el pasado. Tengo cruces de la memoria, porque sé que he hablado con él en otras ocasiones, alguna vez en Bogotá, otra en Cali, pero la memoria es una trampa. Lo importante fue nuestra conversación pública que, ojalá, haya quedado por ahí. De mi parte, solo guardo algunas fotos con Trueba, en el Club de Pesca, junto a Monika y al director mexicano Arturo Ripstein. De la serie: «los recientes viejos tiempos». Aquí comparto un par.

No puedo terminar esta evocación sin citar sus tres hermosas películas recientes: CHICO Y RITA (con dibujos de Javier Mariscal y Tono Errando), una hermosa evocación de la música latina a través del mundo de la animación, motivo por el cual fui su moderador en Cartagena. La siguiente fue un delicado homenaje al cine francés (a mí me acuerda a Jean Renoir) en un sofisticado blanco y negro y una rigurosa reflexión sobre la creación artística.

Para luego caer, en 2016, en una secuela de LA NIÑA DE TUS OJOS titulada LA REINA DE ESPAÑA, donde Penélope Cruz, Antonio Resines, Javier Cámara y el resto del elenco se encargan de las carcajadas galantes.

El círculo se cierra. Así como, por razones del destino, Barbet Schroeder, gran amigo de muchas vidas, terminó filmando en Medellín la versión de LA VIRGEN DE LOS SICARIOS de Fernando Vallejo, es ahora Fernando Trueba quien se mete en las entrañas de nuestra historia con una versión de una novela ya clásica de nuestra literatura reciente la cual, esperamos, llene todas las expectativas. El nombre de su hermano David Trueba, gran escritor, brilla en los créditos como responsable del guion. Otro sello de garantía. Me hubiera gustado hablar un poco del hijo de Fernando, Jonás Trueba, cuyas películas conocimos gracias al FICCALI del desaparecido Luis Ospina. Pero me temo que esa es otra historia.

En estos tiempos en los que todo va mal y la humanidad se encarga de echarle más gasolina al fuego de la intolerancia, noticias como el estreno de una película colombo/española en Cannes (no importa que sea simbólico, así no haya Cannes en 2020: el cine está hecho de símbolos) me llena de alegría, por Trueba, por Héctor Abad, por la realizadora Daniela Abad que estuvo allí hasta el fondo. En fin. Por la gran familia del Arte que, en última instancia, seguirá siendo una sola.


  • Sandro Romero Rey, Escritor, director de teatro, realizador, guionista y productor de radio, cine y televisión. Ha combinado estas actividades con la docencia y el periodismo cultural. Licenciado en teatro por el Instituto Departamental de Bellas Artes de Cali. Máster en Artes Escénicas de la Universidad de París VIII (Francia). Estudios doctorales en la Universidad de Barcelona. Profesor del programa de Artes Escénicas de la Facultad de Artes (ASAB) de la Universidad Francisco José de Caldas de Bogotá. Profesor invitado de la Maestría de Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia. Ha dirigido más de cuarenta montajes teatrales, así como los documentales: El Teatro La Candelaria: recreación colectiva (2006) y Sonido bestial (2012, co-realizado con Sylvia Vargas). Ha recibido distintos premios y menciones por su obra cinematográfica, literaria y teatral: Becas del IDCT para las obras El aire y Nuestra Señora de los Remedios (1996 y 2001). Premio Residencias Artísticas Colombia-México en Dramaturgia (2002). Premio Nacional de libro de cuentos por Las ceremonias del deseo (2004). Orden al Mérito Vallecaucano en la categoría Arte y Cultura (2005). Premio “Bogotá un libro abierto” por su trabajo sobre la obra de Andrés Caicedo (2007). Premio de Postproducción para el documental de largometraje Sonido bestial (2008). Premio Iberescena por la obra Ortaet (proyecto imposible) (2010). Medalla al Mérito Cultural Proartes en Crítica (2011), entre otros. Algunas de sus publicaciones: Oraciones a una película virgen (novela, 1993), Mick Jagger: el rock suena, piedras trae (biografía, 2004), Las ceremonias del deseo (libro de cuentos, 2004), Andrés Caicedo o la muerte sin sosiego (ensayo, 2008), Clock Around The Rock (Crónicas de un fan fatal) (crónicas, 2009) y El miedo a la oscuridad (novela, 2010). Una selección de sus obras de teatro ha sido publicada por la Universidad Distrital de Bogotá.
    Fuente: Taller de edición Rocca

Fotos: Sandro Romero Rey

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