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Tras la idea propuesta por el director de la primera pinacoteca de Italia el pasado jueves de devolver algunas obras de arte de los museos italianos a las iglesias para las que fueron concebidas, se ha reabierto un antiguo debate sobre la idoneidad de exponerlas en sus espacios de origen.


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Eike Schmidt, director de los Uffizi desde 2015. Fotografía: Opera Laboratori Fiorentini per le Gallerie degli Uffizi.

El pasado jueves 28 de mayo volvía a abrir sus puertas, tras dos meses y medio de cierre a causa de la pandemia, la Galleria Palatina de Florencia. Durante el acto de presentación a los medios, el director de Le Gallerie degli Uffizi, Eike Schmidt, propuso que los museos italianos devolvieran algunas de sus obras a sus templos de origen. Schmidt ya se había referido a ello en una entrevista concedida al diario Avvenine el 10 de diciembre de 2019, pero ahora ha sido más rotundo: “Creo que ha llegado el momento de que los museos estatales hagan un acto de valentía”.

En sus declaraciones, añadió cómo “en muchos museos estatales se encuentran tablas, lienzos y otras pinturas pensadas y realizadas para iglesias o capillas. Y visto que Italia se distingue por la difusión del patrimonio cultural en todo su territorio, una revisión histórica, donde sea posible, devolverá su valor tanto a las obras de arte como a sus lugares”. En su marco original, estas “recuperarían el contexto arquitectónico y espacial así como el diálogo con las otras obras de arte que la rodeaban”.

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Duccio di Buonisegna. Madonna Rucellai. Hacia 1285. Temple y óleo sobre tabla. 450 x 290 cm. Gallerie degli Uffizi, Florencia. La pala de altar, procedente de la iglesia florentina de Santa Maria Novella, fue depositada en el museo en 1948.

Se refería a aquellas pinturas y palas de altar que, sobre todo a partir del siglo XIX, se fueron depositando en distintos museos, así como a otras tantas obras que por diversas vicisitudes fueron depositadas temporalmente en instituciones culturales y nunca más regresaron a su hogar.

Un claro ejemplo es la pala de la Madonna Rucellai. Pintada por Duccio di Buonisegna hacia 1285 para el altar mayor de la iglesia florentina de Santa Maria Novella, tiempo después pasó a la capilla de la familia Rucellai, de ahí su nombre. La tabla ingresó en 1948 en los Uffizi. Su restitución sería la guinda perfecta para la conmemoración, en 2021, del VIII centenario de la institución de la orden de los Dominicos en dicho templo. Eike recalca que este tipo de actuaciones, a pesar de no ser frecuentes, sí se han realizado con anterioridad, recordando para ello la devolución en 2016 del Entierro de santa Lucía (1608) de Caravaggio a la basílica di Santa Lucia al Sepolcro de Siracusa.

Distintos medios de comunicación nacionales e internacionales se han hecho eco de la noticia y han consultado a especialistas y responsables de instituciones religiosas florentinas. Monseñor Timothy Verdon, director del museo dell’Opera del Duomo de Florencia, ha declarado a través de una videoconferencia a distintos periódicos que la propuesta es “fascinante” pero difícil de llevar a cabo en la práctica, no solo por la necesidad de establecer un acuerdo entre el estado italiano y la iglesia, sino también por la de contar con las medidas de seguridad necesarias para su realización.

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Caravaggio. Entierro de Santa Lucía. 1608. Óleo sobre lienzo. 408 x 300 cm. Basílica di Santa Lucia al Sepolcro, Siracusa. El lienzo fue devuelto a su lugar de origen en 2016.

Verdon recordaba que “ya en el siglo XVII, los grandes retablos habían comenzado a ‘musealizarse’ al entrar en las colecciones principescas. Llevar un retablo a una iglesia y especialmente sobre el altar, incluso si ya no se usa, significa resaltar la función litúrgica de la imagen: por ejemplo, en el Pala Rucellai, el vínculo entre el cuerpo eucarístico y el cuerpo del Niño Jesús sería legible nuevamente. Por supuesto, también puedes reconstruir un altar en un museo, pero no es lo mismo”. Concluye con que la propuesta del director de los Uffizi es “una provocación saludable, una oportunidad para reflexionar sobre una forma diferente de presentar el arte, introduciendo a las personas en el sentido más profundo. Si incluso una obra fuera reubicada, todavía sería un éxito”.

Por su parte, Monica Barni, vicepresidenta y asesora de cultura de la Toscana, ha afirmado que “hay una reflexión completa sobre los trabajadores de la cultura, sobre su formación, sobre especializaciones y sobre su relación con el mundo de la investigación”. Asimismo, considera, al igual que Timothy Verdon, al que se ha referido expresamente, que a pesar de las dificultades que entraña, el planteamiento debe valorarse muy positivamente.

Este tipo de propuestas se suma a otras llevadas a cabo por Eike Schmidt desde que fue nombrado director de la pinacoteca en 2015. Entre las más señaladas está la restitución del Florero de Jan van Huysum a los Uffizi en julio de 2019. La pintura había sido robada del Palazzo Pitti en 1943 durante la Segunda Guerra Mundial, donde había llegado en 1824 tras ser adquirido por el Gran Duque de Toscana Leopoldo II.

Jan van huysum (1682-1749). Florero. Óleo sobre lienzo. Galleria Palatina, Palazzo Pitti, Florencia. La pintura fue robada en 1948 y volvió a Florencia en 2019.

Publicado por Ars Magazine