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Por Carlos Jiménez Moreno

Hoy he despertado con talante profético y por lo tanto sin ganas de discutir si es cierta o no la hipótesis de que el coronavirus es un virus de laboratorio o si la política de respuesta al mismo a cuenta gotas de Sánchez es mejor o no que la de choque adoptada por los chinos. Solo me interesa comprobar que el dichoso virus ha desencadenado la grave crisis económica internacional que venían pronosticando los economistas mas serios y a partir de allí imaginar cómo saldremos de la misma. Y creo que saldremos con una sociedad muchísimo mas telemática de la que ya lo era antes de la perniciosa propagación del coronavirus. Italia en ese sentido es el espejo en el que debemos mirarnos. Poca o ninguna gente en la calle pero porque, como ahora, la gente haya respondido al llamado de las autoridades a quedarse en casa sino porque la mayor parte de las empresas habrán incorporado y normalizado el teletrabajo, las tiendas e incluso unas cuantas cadenas de supermercados habrán desaparecido en beneficio de gigantes de la distribución como Amazon, los restaurantes se habrán trasformado en cocinas que atienden tele pedidos, en todo lo alto y lo ancho del sistema educativo se habrá impuesto la docencia telemática, así como en los sistemas de salud pública. ¿Y para qué ir al Museo del Prado, si puedes contemplar una espléndida selección de sus mejores obras por internet y desde tu casa? ¿Y para qué decir nada del cine, cuando ya desde antes que se declarase la pandemia, se estaban cerrando las salas de cine, incapaces de resistir el empuje de mega plataformas como Neflix? Quizás volvamos a abrazarnos y besarnos cuando pase esta emergencia pero lo mas probable es que se generalice el sexo telemático, a la japonesa. Las jornadas de aislamiento y encierro que estamos protagonizando nos están preparando para que lo que hoy asumimos como excepcional mañana sea la norma. Ahí queda eso.