. . .

El legado Gaudí es mucho más que lo que se puede ver en el Paseo de Gràcia.

Fuente: Barcelona secreto


1. Casa Calvet

El edificio fue un encargo de Hijos de Pere Mártir Calvet, fabricante textil de la época. A Gaudí se le pidió crear un edificio bidisciplinar: el subterráneo y los bajos estarían aptos para el negocio y la fábrica y la planta principal sería casa.

Cabe, quizás, la posibilidad de que te preguntes que cómo es posible que no se le dé apenas bombo a un edificio ideado por Gaudí. La respuesta, quizás también, podría ser que hay quien cataloga a la Casa Calvet con el epíteto de la-obra-más-conservadora-de-Gaudí. Y este barroquismo, esta simetría, este equilibrio y este orden tendrían una explicación: Gaudí tuvo que encajar el edificio entre otros más antiguos.

Esa podría ser una respuesta y otra también podría ser que la obra no es visitable. Aunque esta frase es cierta a medias: la casa es parcialmente visitable. Se puede ver (y comer, claro) en el restaurante que aquí hay. China Crown, así se llama, es un restaurante de comida china imperial.

Dónde: Carrer Sant Marc, 57.

2. Jardins Artigas

Foto: @catalunya.magrada

Los Jardins Artigas están en la Pobla de Lillet: la segunda localidad del mundo con más obras de Gaudí. Esta frase tan despampanante es un juego sensacionalista a la altura de un titular de Ok Diario: la Pobla de Lillet solo tiene dos obras de Gaudí.

Los expertos que lo han estudiado trazan similitudes entre los Jardins Artigas y el Park Güell. La principal diferencia, tal y como se ve en las fotos, es que el Park Güell es un parque seco y los Jardins Artigas son húmedos. O sea, que es un parque que está construido a la ribera del Rio Llobregat. Es el cauce del río lo que determina y dibuja el parque.

Dónde: Carrer del Ferrocarril, s/n, La Pobla de Lillet, Barcelona

3. La Torre Bellesguard

La casa está proyectada a caballo entre el modernismo y el neogótico de sus primeras obras –ya hemos hablado de este periodo de Gaudí en el Celler Güell o en las Teresianas–. Pero la inspiración es medieval: la Torre Bellesguard era el castillo medieval de Martin I el Humano, último conde de Barcelona.

Estilismos y corrientes dúctiles a un lado, una de las cosas importantes de la Torre Bellesguard es que si somos un poco sensacionalistas podemos decir que es la obra en la que Gaudí traiciona sus ideales. O por lo menos, la obra en la que se contradice.

“La línea recta pertenece a los hombres, la línea curva es de Dios”, debió decir Gaudí en algún momento de su vida. Así pues, su obra apenas admite la línea recta. Y la Torre Bellesguard es una excepción.

Dónde: Carrer de Bellesguard, 20.

4. El Palau Güell

Eusebi Güell tenía más dinero que el rey –hipérbole (o no)–. Y como ya se sabe que el dinero es poder, ni siquiera la legalidad iba a impedir que se pudiera construir su palacete. Y es que, en un primer momento, el proyecto no iba a prosperar porque Rovira i Trias, el arquitecto que urbanizó l’Eixample, emitió un informe negativo al Ayuntamiento. El proyecto no cumplía la normativa.Pero los contactos de Güell eran los contactos de Güell y el informe se desestimó.

El bueno de Eusebi Güell invitaba a la gente para enseñarles la terraza, que parece un ensayo de la terraza de la Casa Batlló. En este lugar reposa gran parte del interés de la obra porque fue el primer sitio en el que Gaudí puso en práctica la técnica del trencadís. Para enseñar la terraza, decimos, y también el sótano. El sótano es tremendo y tiene una historia densa –fue refugio antiaéreo y el calabozo de una comisaría–, así como unos elementos prácticos como el sistema de aireación que son dignos de elogio. Amén de la estética: parece haber sido proyectado por George RR Martin, parece el escenario de un capítulo de Juego de Tronos.

Dónde: Carrer Nou de la Rambla, 3-5

5. El Capricho

Su verdadero nombre es Villa Quijano, debido a que lo encargó un tal Máximo Díaz de Quijano, un indiano. (¿Que qué es eso? Pues todo aquel que hacía las Américas para volver bañado en oro). Gaudí ya había dejado su marca antes en Comillas (Cantabria), primero como ayudante de Joan Martorell en el Palacio de Sobrellano y luego diseñando un quiosco con motivo de la visita de Alfonso XII. Pero sin duda su obra estrella en el pueblo cántabro es El Capricho, inspirado en el arte oriental.

Desde su construcción, El Capricho ha pasado de mano en mano y ha sido un poco de todo. Empezó siendo un chalet usado como residencia de verano, luego un edificio abandonado tras la Guerra Civil,  restaurante y por último y desde 2010, museo.

Dónde: Barrio Sobrellano, s/n, 39520 Comillas, Cantabria

6. Celler Güell

Con ambición, con dinero y con unos terrenos recién comprados en el Garraf. En esas estaba el bueno de Eusebi Güell a finales del siglo XIX. Y Eusebi, como buen prohombre de la época, decidió convertir la finca de La Cuadra –así se llamaba el lugar– en unos terrenos vinícolas.

Y para ello iba a necesitar o se iba a encaprichar con un celler con su bodega, su residencia y su capilla. Necesidad para la que acudiría, claro, a Antoni Gaudí.

Gaudí, en la línea de los trabajos que pergeñó en la época –como las Teresianas, por ejemplo–, proyectó una bodega de características neogóticas. El neogoticismo de Gaudí, dicho mal y pronto, se resume en lo siguiente: construcciones góticas a las que se le incorporan soluciones estructurales (ejemplo: el Celler Güell no tiene contrafuertes).  Amén del sello personal del tarraconense.

Dónde: Garraf

7. El Colegio de las Teresianas

Fuente: @aglezbarros

Gaudí proyectó el Colegio de las Teresianas con una financiación de cuatro duros. Lo normal, vaya, si tenemos en cuenta que el espíritu de la congregación de las Teresianas reposa sobre la austeridad.

Bajo ese principio, el de austeridad, quiso Enric d’Ossó –fundador de la congregación– que se proyectara la edificación. Y Gaudí así lo aceptó. Si no había dinero, el material de la fachada sería –y fue– ladrillo y piedra triturada, los materiales más baratos. No fue la austeridad la única imposición de d’Ossó quien, según cuentan los historiadores, era de naturaleza insistente. De hecho, ha trascendido una conversación derivada de la turra del padre. Gaudí debió decir: “Cada cual a lo suyo, mosén Enrique; yo a hacer casas, usted a hacer misas”.

Dónde: Carrer de Ganduxer, 85

8. Un cine en la Rambla

“El local, gracias a la traza del Sr. Gaudí, está ventilado de tal manera que, sin que uno se dé cuenta de por dónde entra, el aire circula allí guapamente, renovándose de una manera insensible y no permitiendo a la atmósfera que se vicie”, esa es la valoración que Virolet, un cronista del semanario humorístico catalán Cu-Cut!, escribió en 1904.

De este fragmento sacamos dos conclusiones: la primera, que a principios del siglo XX se usaba con naturalidad el adverbio “guapamente” y tenemos que recuperarlo en medida de lo que sea posible. La segunda, que el Sr. Gaudí participó en la construcción de un edificio levantado en 1904.

9. La loseta Gaudí

Si has entrado en este artículo buscando solo edificios emblemáticos, tememos decepcionarte, porque la ambigüedad de la palabra obra, nos permite incorporar en el texto las baldosas de Paseo de Gràcia.

La Loseta Gaudí es una baldosa que diseñó el genio barcelonés. Una baldosa que iba a cubrir el suelo de la Casa Batlló, pero como la vida da muchas vueltas, acabó ocupando el suelo de La Pedrera.

Pero como es absurdo restringir el placer de pisar a quien tenga a bien desembolsar lo que cuesta la entrada a La Pedrera, el Ayuntamiento sacó, literalmente, las losetas a la calle. Unas reproducciones adaptadas a las condiciones de la ciudad (grisáceas y grabadas, no en relieve ni verdeazuladas, que son como eran en 1971) y, desde 1997, todo el mundo a pisar con gusto y con pies de plomo.

10. Bonus: el Hotel en Nueva York que nunca existió

Juan Bassegoda, conservador de la Real Cátedra Gaudí, cuenta la historia de la siguiente manera: «Dos industriales norteamericanos le encargaron a Gaudí en 1908 un hotel para Manhattan. Él hizo dos croquis y algunos dibujos, pero estos últimos se perdieron en el incendio de 1936. El hijo del escultor Juan Matamala conservó los croquis durante 30 años, después con lo que recordaba interpretó lo que hubiera sido el Hotel Attraction con 360 metros de altura. Hay que recordar que estaban en 1908 y el Empire State, que tiene 300 metros, no se construyó hasta los años treinta. Sinceramente, creo que los empresarios se espantaron con la idea de Gaudí».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *