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UNA ARTISTA MULTIDISCIPLINAR

La poeta madrileña que vivió largo tiempo en Nueva York presentó su último poemario y aprovechó para recorrer su obra artística

Marga Clark, durante la presentación | Fotos: Paula Zorita

Salamancartvaldia.es

-¿Se llama azul la Sala de la Palabra?

Quisiera contestarle a Marga Clark que no, que así la llamo yo porque esta sala que ama Doña Pilar Fernández Labrador, a quien una muerte cercana hizo imposible su asistencia, tiene un decorado azul que tiñe todos los encuentros que en ella se hacen. Que yo la llamo así porque tiene un silencio azul en el que resuenan los versos, los encuentros, las presentaciones… y porque en ella parece que estamos todos en familia y Carmen de Prada, de rojo y verde, presenta como a una amiga a esta artista “Tan sencilla para lo grande que es”. Una poeta de larga trayectoria, una fotógrafa de discurso personal y mirada poética que se acompaña de Valentí Gómez, traductor, poeta, crítico literario, ensayista y profesor universitario capaz de hablar de la obra de su esposa desde el rigor y un bagaje cultural que nos admira a todos.

Y lo hace desde una visión certera de este último libro de la autora madrileña, “Poemas de sangre” publicado magníficamente por la editorial Huerga y Fierro, resume en cierta manera las constantes de una larga obra poética iniciada en 1999 y presentada entonces por un Antonio Gamoneda que destacó de los versos de Clark su intensidad, su apasionamiento, así como luego en Barcelona, Ana María Moix dijera “Sus poemas apuntan a lo inasible, lo invisible, y están condenados a avivar la llama sagrada del gran misterio, la muerte”.

El crítico y escritor Valentí Gómez i Oliver durante la presentación

Desde el primer libro de Marga Clark a este último dedicado a la sangre, las preocupaciones de la autora han girado en torno a constantes iluminadas por referencias culturales que hace suyas, imágenes poderosas que la autora recoge en la última parte de “Poemas de sangre” donde los caligramas a la manera de Apollinaire denominados “Poemas derramados” retornan a versos pertenecientes a libros anteriores lo que devuelve al lector esos temas sempiternos que recorren la totalidad de una poesía compleja y plena de conocimiento que, a lo largo de la vida de la artista, ha sabido desarrollarse en numerosos lenguajes.

Sin embargo, en ella todo es poesía ¿Y por qué se escribe poesía? La voz de Marga Clark es la de una excelente conferenciante, capaz de ser rigurosa, culta, estimulante y cercana. Con esa cercanía narra la escena de una obra suya inédita en la que un personaje le dice a otro que no tenga miedo de la oscuridad mostrándole su mano donde guarda, sorprendentemente, una luciérnaga. Para Clark, la poesía es una luz que le sirve para encontrar luciérnagas en la noche, y concibe al poeta como aquel capaz de ver y descifrar los símbolos y las metáforas que se nos van apareciendo en el camino. Una poesía que cae hacia adentro, que transciende, como dice Rilke, su realidad y que puede definirse usando la frase de Lewis Carroll de la siguiente manera: “Quisiera ver de qué color es la luz de una vela cuando está apagada”.

Densa como la sangre, la escritura de Clark busca los misterios, los grandes interrogantes universales, y toda su poesía deambula, cuenta la autora, por los caminos artísticos de lo invisible y lo misterioso, lo sagrado, como la sangre, y el sueño. Y es esta explicación, hipnótica, la que nos devuelve a su verso complejo, leído con calma, iluminado en la voz de la autora que también nos muestra un ejemplo de su obra fotográfica, hermosa e inquietante. Partícipe de numerosas colecciones por todo el mundo, la fotografía de Marga Clark, es según la autora, una mirada hacia afuera, frente a la poesía, mirada hacia adentro.

Memoria, olvido, caducidad, vida, muerte… la poesía y la fotografía de Marga Clark no deja indiferente a un lector al que la carga intelectual e intuitiva de la autora no hace concesiones a la facilidad. Como tampoco dejó indiferente a la sociedad de su tiempo la obra de su tía, Marga Gil Roësset, niña prodigio, escultora prodigiosa cuyo nombre era silenciado en la familia por su suicidio a los 24 años y su historia de amor trágica con Juan Ramón Jiménez. Una historia que Marga Clark decidió contar en una novela publicada en el 2011 para reivindicar su figura y sobre todo, su obra deslumbrante. Testimonio que nos devuelve un rostro, eternamente joven, inquietante, trágico y sobre todo, capaz de sostener una obra precoz y perfecta reivindicada a través de escritos y de conferencias por su dotada sobrina. Una poeta que termina su intervención recordando, magia que conjura el tiempo, que su tía hizo un dibujo que probablemente sirviera de inspiración a Antoine de Saint-Exupery para su principito y que fue publicado en Paris. La Sala de la Palabra, querida Marga Clark, ha sido más azul si cabe esta tarde lluviosa gracias a tus imágenes, tu evocación, y sobre todo, a los versos que conjuran el tiempo, llenan el silencio de ecos misteriosos, de sueños y de inasibles conocimientos.